Yo hoy me permito revisar mis miedos

Yosoyluz nace en mitad del confinamiento por el COVID-19 en España. Hace un par de semanas, Almudena Martín planteó en la comunidad Okuni una pregunta que me permitió echar la vista atrás y revisar mis miedos. La pregunta en cuestión era la siguiente: “¿Cuál es tu mayor miedo en esta situación?”.

Al intentar contestar esta pregunta me di cuenta de que yo no sentía que tuviera ningún miedo en esos momentos y eso me sorprendió mucho porque, normalmente, yo soy una persona que conecta fácilmente con sus miedos.

Sin embargo, ese día no lo lograba hacer. Me sentía tan arropada y acompañada por tantas personas y estaba viendo tantas cosas bellas y reconfortantes cuando meditaba cada día que no sentía ningún miedo, sino más bien curiosidad y anhelo por la oportunidad de mirar en mi interior que este periodo de transición y cambio me daba. Por supuesto estaba teniendo muchos momentos de tristeza, incertidumbre y desánimo pero, incluso en esos momentos, sentía profundamente que no estaba sola… y ésa era una sensación que hacía muchos años que no sentía.

Mi respuesta a esta pregunta me tuvo inquieta el resto del día. No terminaba de entender qué me estaba sucediendo. ¿Estaba reprimiendo mis miedos?, me preguntaba. ¿Estaba negándolos o ignorándolos? ¿Dónde estaban mis miedos? Todo el mundo tiene diversos miedos. No sentía que fuera normal ni saludable que yo no pudiera conectar con mis miedos, aún más en una situación tan crítica como la que estábamos viviendo todos a nivel mundial.

Después de unas horas y, tras haber leído algunas de las respuestas que mis compañeros iban compartiendo en la comunidad, me di cuenta de la razón por la que yo no estaba sintiendo muchos de los miedos que ellos compartían. Yo ya me había tenido que enfrentar a esos miedos en el pasado. No tuve otra opción que verlos y atravesarlos. Para mí, ésta era una oportunidad de observar qué había aprendido de esta experiencia y de ellos.

A principios del 2013 me dieron una baja médica por enfermedad y, pasados dos años, me dieron una incapacidad permanente para el servicio. La enfermedad no era algo nuevo para mí, llevaba muchos años encontrándome mal de salud y lidiando con ello como podía y sabía. De hecho, la enfermedad ha formado parte activa de mi vida desde que puedo recordar.

De la noche a la mañana, pasé de tener una vida laboral muy activa y que me apasionaba, a tener que permanecer en casa las 24 horas del día, día tras día y mes tras mes, con una movilidad física muy reducida, insomnio crónico y dolores agudos y crónicos en todo mi cuerpo.

Mi mundo, todo aquello que me apasionaba y sin lo que yo pensaba que nunca podría vivir, desapareció de un plumazo. Todos mis sueños y planes de futuro se truncaron en un momento y la mayoría de los que pensaba que eran mis amigos desaparecieron de mi vida de la noche a la mañana.

Después de recibir la incapacidad permanente para el servicio, mi salud empeoró aún más. Tuve varios ingresos hospitalarios, pasé meses sin poder salir de la cama y muchos otros en los que el máximo recorrido que podía hacer en todo el día era ir de la cama al sofá. Y sentí miedo, miedo a no recuperarme nunca, miedo a tener que poner mi hogar a la venta si mi situación financiera no me permitía afrontar la hipoteca, miedo a que mi marido dejara de quererme o no soportara la situación y me abandonara, miedo a no servir ya para nada, miedo a ser una carga para los demás, miedo a tener que depender de los demás de por vida, miedo a no poder levantarme de la cama o del sofá nunca más, miedo a hacer trombos en las piernas por falta de movilidad, miedo a no poder volver a ducharme o ir al aseo por mí misma nunca más y una larga lista de otros muchos miedos que asaltaban mi mente día sí y día también.

He pasado los últimos siete años de mi vida en una eterna cuarentena, confinada casi todo el tiempo en mi casa. Cuando mi madre falleció hace cinco años, no pude ir a verla al hospital, ni pude despedirme de ella, ni asistir a su entierro, ni compartir esos momentos de dolor con mi padre, hermanos y familiares.

La vida me paró en seco y me obligó a vivir un primer confinamiento que sacó a la luz muchos de mis miedos – miedos que nunca antes hubiera pensado que nadie pudiera sentir – y a hacer algo con ellos. Hasta esos momentos que me regaló este ejercicio, había vivido pensando que este largo periodo de mi vida había sido una gran pérdida de tiempo, que tan sólo era una larga etapa de dolor y sufrimiento sin sentido alguno.

Sin embargo, contestar a la pregunta que Almudena nos planteaba en la comunidad me brindó una gran oportunidad para permitirme a mí misma revisar mis miedos, miedos en mi caso ya experimentados, y poner algo de luz en ellos. En esos momentos, comprendí y aprendí que lo que me ocurrió no fue tal pérdida de tiempo, que algo debí hacer bien aún sin yo saberlo porque, enfrentada ahora a un nuevo confinamiento – esta vez compartido con muchas más personas que el primero –, me doy cuenta de que ya no tengo muchos de los miedos que veo que tantas personas manifiestan que sienten a mi alrededor estos días.

Yo ya los viví. Ya los enfrenté y aprendí que no pasó nada por perder mi trabajo, ni por perder a muchos de mis amigos, mis sueños, mi independencia y tantas otras cosas en mi vida. Cuando pase este segundo confinamiento que la vida ha puesto en mi camino y pase mi largo confinamiento personal y recupere mi salud, encontraré otro trabajo que me haga igual de feliz o más que el que tenía, volveré a poder salir a la calle cuando yo lo desee y haré realidad nuevos y maravillosos sueños.

Yo hoy me permito revisar mis miedos. Enfrentarme a ellos me trajo y me sigue trayendo grandes regalos. Ahora soy mucho más fuerte de lo que nunca fui, mucho más compasiva, mucho más consciente y mucho más agradecida por todo lo que ocurre en mi vida, mucho más humana y tengo muchos menos miedos de los que tenía. Sé que, cuando acabe este segundo confinamiento, saldré aún más reforzada y con mucha, mucha más sabiduría interior.

(escrito el 29 de abril de 2020)

 

Yosoyluz. Ésta es mi luz. Veo la tuya y la honro.

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