Yo hoy me permito enfadarme

Hoy me he enfadado mucho con una persona a la que quiero muchísimo y, al igual que otras muchas veces en las que he sentido esta emoción de manera tan intensa, he intentado que se me pasara el enfado lo antes posible.

No me gusta enfadarme, me resulta agotador sentir ese fuego interior que me abrasa por dentro, intentando encontrar una ventana o puerta de salida. Estar enfadada siempre me hace sentir culpable, culpable por sentirme así… especialmente, si mi enfado es consecuencia de una discusión con una persona a la que quiero. Enfado y culpa siempre han ido de la mano en mi vida.

Mientras intentaba gestionar esa emoción tan molesta para mí, me he hecho las siguientes preguntas: “¿Por qué he reaccionado así?”, “¿Qué es lo que me ha molestado tanto?”, “¿Qué esconde realmente este enfado?”, “¿Qué parte de mí es la que está enfadada: mi niña interior, mi adolescente, mi parte adulta?”.

Entrar en un estado meditativo mientras estoy sintiendo una emoción tan fuerte aún me resulta difícil, pero cada día doy un paso más en esta dirección y, a menudo, obtengo grandes regalos, en forma de tomas de conciencia sobre quién soy y cómo soy en realidad, que hacen que poco a poco me vaya conociendo y aceptándome más.

Observar lo que estaba pasando hoy ha traído a mi mente la siguiente reflexión. De niña aprendí que no debía enfadarme. Oí cientos de veces que enfadarse era algo malo, era algo que no hacían las niñas buenas. “Estás muy fea cuando te enfadas”, “Si te enfadas tienes doble trabajo, enfadarte y desenfadarte”, “¿Y por esa tontería te enfadas?”, “Pues no es para tanto, no sé por qué estás enfadada por eso”, “El enfado es un pecado” son algunos de los mensajes con los que crecí y que aún resuenan en mi cabeza como si permanecieran ahí grabados a fuego.

Siempre he creído que enfadarse era algo malo, algo que debía evitar a toda costa, algo negativo y, mientras me enfrentaba hoy a mi enfado e intentaba liberarme de él lo antes posible, me he dado cuenta de que no estaba aceptando lo que me estaba ocurriendo. Durante un instante mágico, como si de una bombilla que se encendía en mi interior se tratase, he pensado que me estaba perdiendo algo, una voz en mi interior me ha susurrado “No lo estás entendiendo” y he sentido que ahí había una oportunidad de crecimiento y aprendizaje para mí.

Poco a poco he empezado a hablar con la parte de mí que estaba dolida, que se sentía herida e incomprendida y le he dicho con mucho amor que no pasaba nada, que tenía derecho a estar enfadada, que enfadarse no era malo. Le he dicho que yo sabía que ella había oído muchas veces que no podía sentir esa emoción pero que no era verdad, que sí podía hacerlo, que ya no había ninguna razón para seguir reprimiendo y negando lo que estaba sintiendo. Le he dicho que no era peor persona por sentir enfado, que el enfado no es mejor ni peor que cualquier otra emoción, sino tan sólo una emoción más y que la iba a amar siempre, estuviese enfadada o no.

Algo muy profundo en mi interior se ha calmado al escuchar estas palabras y parte de ese fuego abrasador que estaba sintiendo ha bajado de intensidad. No sé explicarlo de otra manera, pero ha sido como si algo dentro de mí hubiera estado esperando oír esas palabras durante muchos, muchos años y…, al oírlas, se hubiera dicho “por fin, alguien me escucha, alguien me comprende, alguien me ama tal y como soy, sin intentar cambiarme, tan sólo como soy”. Hoy me he dado cuenta de que estoy cansada y agotada de enfadarme conmigo misma por enfadarme conmigo misma y con otras personas.

Me he pasado la mayor parte de mi vida rechazando algunas partes de mí, aquellas partes más incómodas y socialmente inapropiadas que aprendí, hace mucho tiempo, a ver como negativas. Hoy doy las gracias por esta nueva toma de conciencia y me doy también las gracias a mí misma por atreverme a iluminar esta parte de mí tan profunda a la que tanto me cuesta llegar a veces.

Hoy me he dado cuenta de que el enfado es sólo una emoción más de las decenas de emociones que experimento cada día y, si no acepto y amo mis emociones en toda su amplitud, no me estaré aceptando y amando a mí misma en toda mi totalidad y humanidad.

Hace unos días, pregunté a mis Registros Akáshicos si alguna vez conseguiría no sentir que siempre estoy luchando contra algo ni enfadarme más y su respuesta a mi pregunta fue: “La lucha y el enfado van a aparecer muchas más veces. No encarnaste para no enfadarte ni pelearte con tu Ser. Encarnaste para amarte con tus enfados y tus luchas. Cuando aprendas esto, cuando aprendas a amarte en tu totalidad, entonces y sólo entonces, la lucha y el enfado partirán”.

Así que yo hoy me permito poner un poco más de luz en mi interior y me permito enfadarme sin sentimiento de culpa, sin juzgarme, sin negar ni reprimir lo que estoy sintiendo. Hoy me he dado cuenta de que, si no acepto mis enfados, en realidad no me estoy aceptando a mí misma. Así que hoy me permito enfadarme… no para instalarme en esta emoción y recrearme en ella, sino para sentirla plenamente como sólo los niños saben hacer y luego poder soltarla, liberarla y liberarme del dolor y la culpa con la que me siempre me conecta alejándome así de poder amarme a mí misma incondicionalmente.

(escrito entre el 28 de agosto de 2020 y el 23 de febrero de 2021)

  

Yosoyluz. Ésta es mi luz. Veo la tuya y la honro.

8 Comentarios

  1. Paqui ordoñez

    Hola irma,
    Tu post me lleva a reflexionar sobre dos puntos relacionados, pero para mi diferentes sobre los q compartes tu experiencia.

    El primero sobre las emociones y las etiquetas sobre ellas q muchas veces arrastramos durante años… o toda la vida. Estoy totalmente de acuerdo en q todas las emociones deben ser escuchadas, porq todas nos traen mensajes que debemos interpretar para gestionarlas adecuadamente. Las emociones hay q GESTIONARLAS, no taparlas, no ‘controlarlas’.

    El segundo punto para mí, es la idea de estamos formad@s por muchas partes, muchos personajes habitan dentro de nuestro personaje principal. Hay muchas Paquis dentro de Paqui. Si intentamos tapar la boca o las manos o encerrar en el sótano a algun miniyo…tarde o temprano se escapará y rebelará; protestará como pueda, discutirá con otras partes preferidas, etc.. Estoy de acuerdo contigo en q hay q hablarle con cariño a todas nuestras partes, honrarlas, escuchar q les pasa, y hacer q todas se integren en nuestro yo, en armonia, siempre sumando y multiplicando. Somos un superequipo de partes donde 1+1 pueden ser 11.

    Muchas gracias por tu post y tu experiencia compartida.

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    • Irma

      Muchas gracias Paqui por tu comentario y tu reflexión, que comparto totalmente. ¡Es un placer leerte y que me leas! Un abrazo grande, grande desde mi superequipo de partes al tuyo.

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  2. Isabel D.

    Precioso Irma y muy cierto, cuántas veces hemos reprimido esa emoción, creyendo que era un fallo nuestro sentirla y cuánta culpa acumulada.
    Es fantástico cuando llegas a descubrir, que como tantas otras cosas, ese mecanismo ha sido sólo para que nos aceptasen, a costa de no reconocer lo que realmente sentíamos. Ya no es necesario, ahora puedes ser tú.

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    • Irma

      En ello estoy, Isabel… en ese maravilloso camino de descubrirme a mí misma y aceptarme totalmente. Mil gracias por formar una parte tan importante para mí de este camino y ayudarme a crecer cada día un poquito más. Muchísimas gracias por tu comentario y un abrazo enorme desde mi Yo más auténtico.

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  3. José II

    Muchas gracias por tu post Irma.

    Estoy de acuerdo en que tenemos derecho a enfadarnos y a no sentirnos culpables por ello y aceptarnos y amarnos como somos.

    También me ha encantado lo de intentar averiguar qué parte de nosotros se siente mal cuando nos enfadamos y, sobre todo, por qué.

    Yo también creo que hay partes nuestras que se sienten dolidas cuando ocurren ciertas cosas y que ese dolor está directamente relacionado con hechos, circunstancias, etc. que nos han sucedido en nuestra vida y que han forjado nuestro carácter y nuestra forma de ver las cosas.

    Hace bastantes años (uno empieza ya a tener cierta edad), cuando iba a hacer alguna gestión y veía que quien la tenía que hacer no iba a 100 por hora, me mosqueaba ya que no entendía por qué iba con esa lentitud.

    Desde hace unos años he tomado conciencia de que todos no somos iguales. Repito, tomado conciencia, porque saber que no somos iguales lo sabía, pero es muy distinto saber algo a tomar conciencia de ello.

    Eso me ha permitido, cuando ahora voy a hacer una gestión y quien la tiene que hacer va a su ritmo, no al mío, no sólo que no me enfade, sino que piense que así deberíamos ser todos, quizás se evitarían más muertes por infartos.

    Actualmente me sigo enfadando, por eso, cuando sucede, hablo con mi parte dolida y le digo que tiene derecho a enfadarse y le pregunto por qué le ha dolido para poder tomar conciencia de ello y hacerle ver que no todos somos iguales y que a veces nuestros enfados dependen de otros factores que quien nos ha enfadado tampoco controla (su experiencia, sentimientos, emociones, acciones de terceros …).

    Muchas gracias por todo, es un placer leerte y compartir tanto contigo.

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    • Irma

      Muchas gracias a ti por compartir tu experiencia y tus tomas de conciencia respecto a este tema estos ultimos años. Durante muchos años yo también pensé que los demás pensaban y sentían igual que yo y, cuando veía que no se comportaban como yo lo habría hecho ante una determinada situación, me frustaba y enfadaba mucho. ¡Qué importante es poder tomar conciencia de todos estos pensamientos que tanto nos limitan y verlos con una visión más amplia! Un abrazo grande lleno de luz.

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  4. Rocio

    IRMA, con mayúscula y grande!! reflexiones de vida humanas y maravillosas. Claro que sí, tienes derecho a enfadarte y a escudriñar en el interior el motivo del enfado. Yo diferente a ti, no recuerdo ni si quiera si me enfadaba y cómo lo gestionaba…. eso sí, las reflexiones han venido en la vida adulta. Y mi derecho a enfadarme de verdad es cuando me produce llanto. Y eso sí que es rechazado por las personas …. les parece terrible que un adulto llore por el enfado. Y que ahora después de mi edad senior….miro atrás orgullosa de haberme permitido enfadarme y llorar. Y aún el día de hoy es la única forma que me permite reflexionar sobre todas las preguntas que tú te haces: ¿Por qué tan enfadada? ¿Qué razones de peso han tocado mis fibras íntimas? ¿Qué es parte de mí? ¿Qué parte de la otra persona que no es mío? ¿Qué vínculo tan profundo tengo con esa persona? Y esperar pasar mis reflexiones para luego hablar con esa persona, pero ya relajada. Y cuando me doy cuenta de que el vínculo con esa persona es sólo temporal…. pasó.
    Enfadarte y luchar para mí es enfadarme y llorar, pero sin enfadarme conmigo misma, sino agradeciendo a mi registro que me permite llorar para aclarar mi enfado.
    Aprendí de ti, IRMA pero también de todos los comentarios compartidos…enriquecen la reflexión. Siempre mil gracias por dar luz a mi vida.
    Y por último tengo que expresarlo: divino tu dibujo en la piedra del enfado. ¡Hasta el color rojo me encantó!

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    • Irma

      Infinitas gracias a ti, Rocío por compartir tu sentir tan desde el corazón. Cada un@ encuentra su forma de conectar con sus emociones y permitir que éstas hallen la forma de salir al exterior. Si, para ti, es a través del llanto, bendito llanto. ¡Qué maravilloso que seas fiel a ti misma y no hayas permitido que los demás te digan cómo sentir y cómo expresar tus sentimientos y emociones, que a la vez es tu camino hacia tu propio autoconocimiento! Si los demás no comparten tu forma de expresarlos… probablemente sea porque aún no se han permitido ell@s mism@s expresar los suyos abiertamente. Cada un@ recorremos un camino de crecimiento personal y espiritual diferente y, en mi opinión, así es perfecto. Llora si has de llorar y permite que tu lloro, como tú bien dices, aclare tus enfados y arroje más luz a tu vida. ¡Me encanta que te encanten mis dibujos en las piedras! Los hago con mucho amor y disfruto mucho creándolos. Muchísimas gracias por compartir (cada comentario suma y nos hace crecer a tod@s) y un abrazo de luz INMENSO.

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