Yo hoy me permito decir sí a mis ancestr@s

Hoy quiero compartir una reflexión que escribí hace unos meses, pero que no he podido compartir hasta ahora. Surgió de un programa de Polarización energética. Okuni llamado “7 energías de crecimiento” en el que participé en agosto de 2020. La experiencia fue tan profunda e impactante para mí que he tardado más de medio año en poder compartirla con los demás. Dice así:

“Hace unos días, mi hermana mayor me dijo que había estado pensando en nuestro árbol genealógico, y más concretamente en las ramas del árbol de las que tenemos menos datos. Cuando me lo dijo, recordé que dos días antes yo había tenido un sueño muy vívido relacionado con nuestro árbol genealógico. En el sueño sentí que necesitaba volver a él para completarlo de alguna manera pero, como fue durante el sueño, no lo recordé hasta que mi hermana me hizo este comentario.

Ahí quedó la historia hasta que, justo al día siguiente, hablé con mi padre y me comentó que ese mismo día había estado pensando en nuestro árbol genealógico, en la parte del árbol que desconocemos más: la rama de su padre, mi abuelo paterno. Mi padre me dijo que tenía muy poca información de sus antepasad@s por esa rama del árbol y me contó cosas sobre la relación que había tenido con su padre.

Ese mismo día, Isabel Gallego de Arte y Polarización había terminado de pintar un cuadro que yo le había encargado unos meses atrás. La pintura plasma una visión que tuve un día mientras meditaba y que representa mi conexión con mi parte espiritual (hacía un año Isabel me había pintado otro cuadro que representa mi conexión con la Tierra y que también surgió en su día de una visión). Desde que tuve esta segunda visión, he sentido que ambas pinturas estaban fuertemente conectadas, como si representaran dos partes fundamentales de mí aunque, he de confesar que he tardado mucho tiempo en verlo y sentirlo así. Titulamos a este segundo cuadro «Irma, la magia está en ti».

La cuestión es que, cuando realicé la última meditación del curso de las “7 energías de crecimiento” e Isabel Díaz y Almudena Martín dijeron en ella «sí a la magia, sí a la magia, sí a nuestra propia magia, sí a la vida» rompí a llorar con un llanto tan profundo y desgarrador que me movió completamente por dentro.

Justo el día en que mi padre me contaba todo esto, yo había rescatado de debajo de una pila de papeles, sin saber cómo, una pintura que mi madre había pintado años atrás y que insistió muchísimo en que yo tuviera. En su día no lo entendí e incluso me enfadé con ella porque a mí no me gustaba mucho esa pintura… aunque, al final, para que ella no se enfadara, me la quedé. Sin embargo, nunca la llegué a colgar y acabó dentro de un armario y más tarde debajo de muchos papeles. La pintura representa un árbol, un mangle que tiene gran parte de sus raíces fuera de la tierra. Cuando lo “rescaté” de debajo de todos esos papeles, lo llevé al comedor y lo coloqué sobre un mueble… pero, cada vez que lo miraba, sentía muchas molestias en la garganta y pecho. Se lo conté a mi hermana mayor y ella sugirió que le diera la vuelta al cuadro, de manera que las raíces quedaran hacia el cielo. Mi hermana también me sugirió que bañara con energía de colores sus raíces. Seguí su consejo y durante todo ese día sentí que las raíces del árbol querían salirse de la tierra, no como si quisieran huir de ella, sino más bien como si no se sintieran cómodas en esa posición. Junto a la pintura, adherida a una esquina encontré una foto en la que aparezco de pequeña con mi padre y mis hermanos tomando un baño y sentí como si la pintura y la foto estuvieran conectadas de alguna manera.

Mientras meditaba más tarde ese día, sentí también que mi abuelo paterno y mi madre estaban frente a mí e internamente empecé a decir sí a mis ancestr@s, a mis raíces y, al hacerlo, vi claramente un gran chorro de energía dirigiéndose a las raíces del cuadro que mi madre había pintado años atrás y que ahora me regalaba su presencia, danzando a su alrededor… y volví a echarme a llorar porque sentí en lo más profundo de mi ser que mis ancestr@s me decían sí a mí. Es imposible que pueda describir lo que sentí en esos momentos. Fue como si una parte muy profunda de mi ser necesitara que ell@s me aceptaran de alguna forma, me dijeran «SÍ» y, al hacerlo, los sentí tan cerca de mí que no pude hacer otra cosa que seguir llorando de emoción por ese maravilloso regalo que la vida me había querido hacer justo ese día.

El día de antes, además, había estado sintiendo la presencia de mi abuelo paterno junto a mí durante todo el día y justo ese día, mientras compartía la experiencia que había tenido con mi padre, éste rompió también a llorar y me confesó que, justo el día que había estado pensando en el árbol genealógico, había sentido que su padre iba a venir a darme un mensaje a mí.

¡¡¡¡Me parece tan mágico cómo en un momento dado se unen piezas que, aparentemente, no estaban conectadas!!!! No dejan de sorprenderme estos momentos que, cada vez llegan más a mi vida, y que me regalan, simplemente, VIDA. Mientras realizaba una meditación dinámica al final de ese día llamada «tiempo de raíces», sentí como si muchas manos cogieran mi mano con mucho amor y mimo y comprendí que el árbol que mi madre me quiso regalar me representaba de alguna manera a mí y… al volver a mirar el cuadro al acabar la meditación, sentí que las raíces ya no querían escapar de la tierra, sino que estaban fuertemente enraizadas en ella de igual manera que yo me sentía en esos momentos conectada a mis ancestr@s, a mi madre y a la tierra que podía sentir en esos momentos con fuerza bajo mis pies.”

Yo hoy me permito decir sí a mis ancestr@s, a mis raíces, ésas que me anclan a la tierra, que me dan fuerza y que me impulsan cada día a conseguir disfrutar de la vida, a ver la vida con una mirada alegre y amorosa que me recuerda cada día el milagro y la maravilla que es la vida aquí y ahora.

(escrito entre el 7 de octubre de 2020 y el 18 de junio de 2021)

  

Yosoyluz. Ésta es mi luz. Veo la tuya y la honro.

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